lunes 22 de agosto de 2011

San Miguel en la década del '30


Héctor, Tito, es mi abuelo paterno. Tiene 91 años y una memoria excepcional, recuerda con una claridad meridiana el día en que conoció al presidente Marcelo T. de Alvear, qué comió en vuelo la última vez que viajó en avión y hasta los dos o tres nombres que tuvieron algunas calles a lo largo de los años.

El sábado me preguntó qué estaba leyendo y le comenté que justo había empezado Historia de la clase media argentina, de Ezequiel Adamovsky. Le comenté algunos detalles que aparecían en el libro, como una publicidad de "Casa Muñoz" (tienda de indumentaria masculina) de principios del siglo XX. No sólo recordaba al comercio, sino que también su eslogan.

La charla derivó en una cadena de impresionantes recuerdos sobre San Miguel, el lugar donde vive mi familia y dónde él ha vivido siempre. En definitiva, a través de su relato pude reconstruir cuál había sido el paso de mi familia por el lugar donde me crié.

Orígen. Los abuelos de mi abuelo fueron los primeros miembros de mi familia en llegar a San Miguel a finales del siglo XIX cuando era tan sólo un pueblo de campo. Tenían una quinta en lo que hoy se considera la periferia de la ciudad, donde actualmente están la casa que me crié y el colegio primario al que fui.

En la actual entrada de San Miguel por la ruta 8, sobre Av. Ricardo Balbín (ex Mitre) se pueden ver dos gigantescas palmeras, que a principios del siglo XX oficiaban de entrada a una de las quintas más grandes de ese momento. Paralela a la avenida hay una calle media moribunda que se llama igual que la ciudad, San Miguel, y era camino de entrada al pueblo.


Política. Hasta la irrupción del peronismo en 1945, San Miguel se dividía claramente entre los adherentes al Partido Conservador y la Unión Cívica Radical (UCR). En la ciudad predominaba esencialmente la clase media, profesionales y asalariados con capacidad de consumo que vivían en el centro. Los barrios obreros estaban ubicados en la periferia y hasta entrada la década del '50 no se registraban villas de emergencia.

Eran épocas de fraude político. La primera vez que Tito votó fue en las elecciones presidenciales de 1937. Me contó que al llegar a la mesa y mostrar la libreta recibió un "Ud. ya votó". Después de un poco de discusión, igual lo dejaron participar, porque estaba claro que -sin importar el resultado- el próximo presidente sería Roberto Ortíz.

Sin embargo, me jura que en San Miguel no hacía falta hacer fraude para que los conservadores ganaran las elecciones. Por entonces, la UCR tenía mejor llegada a las capas más humildes -que no abundaban en el pueblo-. De acuerdo a su relato, en la ciudad en la que él vivió en la década del '30 casi no había sectores humildes, ni sindicatos, ni fábricas ni movilizaciones por algún tipo de reclamo social.

En la década del '20, el presidente Marcelo T. de Alvear era un visitante frecuente dado que fue amigo del intendente de la época. Don Tito recuerda que un verano todos advirtieron con alboroto la presencia de Alvear sentado en un banco de la plaza, mientras esperaba el inicio de una misa funeraria en la Catedral.

Ubicaciones. El pueblo se originó en 1864, apenas unos pocos años antes de que los abuelos de mi abuelo llegaran a instalarse. Adolfo Soudeaux fundó San Miguel y Bella Vista. Lo que se conoce hoy como Muñiz era una zona intermedia sin campo sin nombre alguno. Recién en 1888 esta última zona empieza a tener algunas casas al rededor de la estación de tren que le dio nombre a la localidad.

Los ingleses habían construído el tren "Buenos Aires Pacífico" (más tarde conocido como Línea San Martín), que fue la primera vía de comunicación con la Capital Federal. Para resumir, mi abuelo me detallaba que en San Miguel vivía la "clase media", en Bella Vista "la gente de más plata" (jueces y profesionales independientes) y en la Avenida Gaspar Campos (ubicada actualmente en el centro del partido) "todo terminaba, después venía un campo".

Bella Vista se caracterizó por una frondosa arboleda y quintas de verano. Hacia 1880 hubo dos de las más notables, "El Retiro" y "Monte Quieto", que pertenecieron a Bartolomé Mitre y Julio Argentino Roca respectivamente. En tanto, la afición por plantar árboles en esta zona tomó forma en 1903, cuando en entonces ministro de Guerra, Pablo Ricchieri, fue a encabezar la "Primera Fiesta del Árbol". (1)

"El cura". Hay algo que queda claro en esa época: a los sacerdotes se los llamaba por el apellido. Chacón y Blois fueron "los curas del pueblo", y no por tener un pensamiento de orígen popular, sino porque literalmente fueron los dos sacerdotes de su época.

Chacón murió cuando mi abuelo era adolescentes y por alguna razón en el pueblo decidieron enterrarlo en la puerta de la Catedral. Su tumba está debajo del piso de mármol de la puerta de entrada. Más tarde llegó Blois, "que empezó como sacerdote y después llegó a Obispo". Mi padre ya lo conoció como "Monseñor Blois" y yo como el nombre de una pequeña calle al oeste de la ciudad que se extiende a lo largo de ocho cuadras.

De acuerdo al relato, Blois "era un tipo normal, campechano, que salía mucho de la Iglesia -algo raro para la época- e iba a tomar café a la 25 de Mayo [confitería ubicada en la esquina de la plaza central] con los que teníamos negocio en frente de la plaza", me contó. Gracias a este estilo más descontracturado, más gente comenzó a ir a misa hasta que la Catedral "quedó chica".

A principios de la década del cuarenta no había demasiadas vidrieras en la ciudad, la Iglesia, el club y las sociedades de fomento eran los puntos más comunes para ir a hacer sociales.


El peronismo. La llegada a la presidencia de Juan Domingo Perón dejó atrás para siempre a los simpatizantes del Partido Conservador. "Acá ninguno dejó de ser conservador, sino que se transformaron en fervientes peronistas", me contó el abuelo y me agregó "en definitiva, nada cambió demasiado, el Partido Conservador fue siempre muy pragmático".

2 comentarios:

Agustina Zulueta dijo...

Muy buena reseña...aca mi papa luego de leer el articulo, esta recordando estas cosas y otras mas con mucha nostalgia!

Jazmin dijo...

Me encanto lo que escribiste Juan ! Que memoria que tiene el abuelito... :D

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